Ellas entienden el arte de la seducción, cuando mirarte a los ojos, sin querer queriendo, aunque estén con otro chabón. Las putas digo. Si, las putas. Tienen el radar calibrado para detectar con quien puede haber química, y así poder generar el contacto visual con su víctima. Si, víctima. Porque al fin y al cabo, vos no la elegís a ella. Ella te elige a vos.
Estoy solo en el cabarulo. Mis amigos me dejaron solo en un cabarulo, y es la primera vez que vengo. ¿Que hago ahora? Y... Voy a esperar a que suba al escenario la próxima bailarina, ya que estamos, me pagaron la entrada, enjoy it baby!. Por lo menos hasta que llegue uno de los pibes, que... se fue a ponerla...
Música. Despliegue de piernas, pieles y tetas. Que levante la mano el que no se casaría con un lomito de esos... De a uno por favor.
Entonces el valor de lo efímero, se comprende. La belleza del pétalo depende de que la flor se marchite, así como esas ganas de esposarte con la estriper, dependen de que su baile se termine, de que el pilar principal del polvazo apasionado que te vas a echar, es que dura lo que dura la guita (ojala fuese lo que dura dura, pastillazo y a coger hasta el infarto). Mil fantasías. Se termina el baile.
Y... Ahora si que estoy solo. Más solo que antes. Ni las putas se fijan en mi. Quizá porque se dieron cuenta de que no soy presa. De que no estoy hecho para caer en sus fauces. De que no me interesa el amor barato que me pueden vender caro. Si estoy acá, busco algo más. Aunque hay una que no deja de mirarme... pero no me le quiero acercar. Ya desde que llegué me está mirando. Se fue con otro tipo, volvió, y me sigue mirando. Ensime está divina... La remera de los guns, el chalequito de cuero y el pantalón rasgado en la parte de atras, para que se vea sutilmente el pliegue fatal que se hace entre las nalgas (y que nalgas) y las piernas. No hay péndulo de brujo que tenga más poder hipnotico que un buen culo. Upa, se levantó. ¡No! ¡Viene para acá! ¿Que hago ahora? Bueno pupi, controlate, no pasa nada, es una puta... Hablale.
-Hola, todo bien?- le pregunto.
- Todo bien, vos? Sos muy lindo sabes? Tenés algo distinto... Por eso me acerqué.
-Yo bien. Mejor ahora que me decís que tengo algo distinto. Pero, distinto a quién?
-Distinto a todos. No sos como el resto de los tipos que están acá. Vos emanas luz. Tu mirada, expone la sensibilidad que emerge de las profundidades de tu corazón. Sos un ser consciente de sí mismo, a diferencia del resto que nos rodea. Ellos actúan más en base a sus instintos, y no observan lo que viven. Vos viniste acá a buscar una experiencia siendo consciente de que puede ser realmente significativa para tu vida. -Acercó su boca hasta casi rozar mi oreja, y si bien no llego a haber contacto físico, las palabras que dijo a continuación penetraron mis oídos, abriéndose paso con el tono que las envolvía, como quien nada en el aire, haciendo piruetas, una suerte de danza de la seducción lírica, revoloteo travieso de hoja liberada al viento suave del otoño. -y eso me calienta...
-Trae un trapo, me vas a tener que juntar del piso porque me estoy derritiendo...
-Jajajajaja. No, todavía no, nos queda mucho por hablar. Quiero conocerte, de verdad.
-Pero vos estas trabajando, y yo estoy haciendo un gran esfuerzo por no enamorarme y proponerte casamiento ahora mismo.
-Hay nene, sos un tierno. Pero si estoy hablando con vos, es como si trabajara, y mientras tanto puedo darme la oportunidad de enamorarme yo tambien... Vení, seguime. Me agarró de la mano me levantó de la silla, me llevo a la barra y me pidió que le invite una birra. Si, asi me dijo : "Invitame una birra y la vamos a tomar a la plaza de acá en frente"
Me salió 120 mangos la Isenbeck de litro. Pero bueno, valía la pena, estaba viviendo algo que era de no creer. Una puta 10 que me chamuyó como si estuviésemos en un café literario. Pero era un cabarulo. Ja-ja-ja.
Agarró una camperita, salimos, cruzamos la calle y nos sentamos en un banquito de la plaza. Los pendejos que pasaban andando en skate por ahí, miraban como si la revelación más importante de sus vidas se les estuviese cruzando frente a sus narices. Uno de hecho casi se queda sin dientes del palo que se pegó por no mirar para adelante. Yo me sentía un rey al lado de ese minonaso...
-Contame nene, ¿qué haces de tu vida...? Pará, no me digas. ¿Sos musico, escritor, algo así no?
-Jajaja, si, ¿cómo adivinaste?
-No era muy difícil. Cuando llegué a tu mesa, estabas con un cuadernito. En tiempos de celulares nadie sale con un cuadernito para escribir, a no ser que tenga algún tipo de fetiche con el papel. Eso que flashean los artistas. Y lo de músico, porque ví que tenías las uñas de la mano derecha más largas. A mi me gusta el rockanrol, y sobre todo los guitarristas, no dejo pasar esas cosas por alto.
-La pucha, si serás observadora. Me estás dando miedo.
-Tranquilo, no muerdo. Va, enrealdad si muerdo, y rasjuño, pero cuando me cojen bien nomás. Pero no tenés por que temer. No te voy a lastimar... mucho.
-Aham... he... y... bueno... jajajaja. ¿Y vos que hacés?- Es puta boludo, que clase de preguntas haces?! - Digo, bueno, ya se que haces pero... por qué elegiste esto?
-¿Por que no? Es buena guita, y digamos que yo, por el lugar en el que estoy, y lo que cobro... me puedo dar el lujo de elegir a mis clientes. El negocio del cariño puede ser algo muy vocacional. Hay que saber leer a un hombre, para detectar cuales son sus vacíos emocionales, decirle las cosas que necesita escuchar para sentirse mejor. Acá no todo es ponerla y acabar. Esto es más bien como una terapia... pero con final feliz, porque de última, cualquiera que va a una sesión de psicoanálisis puede volver con más preguntas de las que llevó, pero conmigo, te vas con un polvito y una sonrisa. -
Mientras terminaba de decirme esto, empezó a acariciarme la pierna, subiendo de a poco hasta... bueno... usá tu imaginación. Me pidió que le siguiera hablando. Que le cuente mis amoríos, y me dijo que le calentaba mucho que le hablaran de esas cosas mientras la chupaba... Asi que bueno... tuve que hacer un gran esfuerzo para... poder... hablahaar... mientras hacía lo suyo... Por dios santo, ¡El mejor pete de mi vida! Me agarró una mano y me hizo tocarle la entrepierna, suave, por arriba de la bombachita roja y finita que tenía. Calor y humedad, la combinación mas rica para el tacto que puede encontrarse en la puta vida.
- Era en serio que te calentaba hacer eso...
- Si papi, yo no miento. Vamos, tengo la llave de una habitación. Es ahora... te necesito adentro mío.- Chan. Listo, soy pollo. Si miro para arriba puedo ver claramente los hilos que me sostienen y me dan movimiento. Más que pollo, títere entonces. Si, la veo arriba mío, gigante, manipulando los bastidores con su lengua.
No me voy a arrepentir ahora. No. Tamo en el baile, bailemo.
Nos fundimos. Las sábanas echaron humo. Había ceniza por toda la habitación. Gritaba mi nombre, yo el suyo. O su nombre de guerra al menos. No me mintió con eso de que rasjuña y muerde. Me decía que me amaba cuando parecía que estaba por acabar, y lo dijo varias veces, unas tres o cuatro. La última acabamos al mismo tiempo. Todo en unos veinte minutos. Terminamos. Yo armo un pucho. Ella se levanta para ir al baño, con solo las medias y el chaleco puestos. Prendo el pucho. Se da media vuelta. Me mira, me sonríe. Se relame los labios.
-Son ochocientos pesos.
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