Me desgajo en pedazos de barro seco.
Pues claro, soy de tierra mojada,
animada por fuego, alimentada de viento.
Cada vez que mudo la piel,
tengo que abrirla al medio,
y si. Suena tan violento como se siente.
Tengo que abrirme al medio.
Arrancar una parte de mi, despegármela del cuerpo.
Desencarnarla. Rascarme las costras de tierra erosionada,
volviéndose tinta en el cielo. Nubes libres que cuentan la historia,
al que mágicamente estaba ahí sentado viendo.
Una vez quitado el cuero lo cuelgo,
en algún armario adentro, donde me exhibo tantos otros viejos,
porque me gusta cada tanto verlos, acariciar esas escamas secas,
ya plastificadas por el tiempo,
recordar como encajaban en esa parte del alma-mente-cuerpo.
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