martes, 4 de febrero de 2014

Y que tu cuerpo sea tan delicioso como el vino...

Como me excita servir un vino espeso, e imaginarme que lo tomo con vos cruzándonos por los brazos, saborearlo, anticipando en su aroma, el perfume de tus labios. Y la música de tu voz en discursos filosóficos, embriagados, no solo de alcohol: de nosotros, nuestras escencias tan naturalmente siendo atraídas en un juego de miradas y entendimiento, comprensión, deseando el abrazo, la aproximación, el beso. La película que terminaremos dejando para otro día a los 10 minutos del comienzo, y que aun después de los créditos, si por nuestros cuerpos fuera, seguiría en reproducción. Y ver el amanecer, filtrado entre los párpados.
Pero hoy no estamos juntos. Solo un recuerdo puede acercarse a esa imagen, o una idealización, ya que el recuerdo de esa persona, hoy no Es, y mañana se haya en otro ser. No me conformo con ninguna de las dos, quiero la real, no la imaginación. Tomo el vino solo, lo apuro a tragos largos, ahogando en él la imagen de tus aun inexistentes labios. Me doy media vuelta y tiro la ultima copa al piso en un error, que dolor... pero será acaso que te estés acercando?

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