lunes, 11 de marzo de 2013

Cartas I

Kasir tiraba una de las tantas manos que jugábamos. Poker a dos cartas. Samira esperaba indiferente.
El momento divino evanecía.
Y Kasir decía:
-Los vacíos siempre están. No es que vos dejas algo y ya está. -
Samira;
-Se reemplazan. -
Kasir:
-Y podes llenarlos con amor, mujeres, amigos, drogas, tango, rock, hijos, trabajo... -
S:
-Con aire. Los vacíos están para llenarse.-
K;
-No sabría decirte si elegís vos con qué lo llenas, o si simplemente optas entre las opciones que el mundo te propone. Te tocó ésta mano, es como las cartas. En un momento de tu vida sos consciente y estás jugando un juego en el que no sabías que estabas, de más chico, de más grande, pero en un momento se abre esa persiana y la luz entra, y es tan fuerte la luz que ni cerrando los ojos vas a poder esquivarla. Y ahí estás vos, con la jugada, y <Ciertas> cartas, no las elegís, te las reparten.
S:
-Más o menos que una voz adentro tuyo te explica como jugar, y como en todo juego, a veces perdés y  a veces ganás. En el azar no hay que saber jugar no más.
K:
-Hay que saber apostar.
S:
-O aprender a manipular el azar... Pero eso ya es otro cuento.
K:
- Entonces, no tenémos que perder el tiempo lamentandonos por las cartas que nos tocaron, mejor, mirá bien las cartas y esforzate por jugarlas, y viendo si apostás, o retirás la apuesta de esa mano, viene la próxima, pero bueno, nunca va a ser el mismo premio.
En un instante una extraña sensación invade el lugar. Inexplicablemente, como en automático, Kasir, Samira y Yo decimos:
"Estamos atados a las leyes de la física, y de la química, y de la materia, por mucho que mi voluntad se enfoque en volar, no voy a volar."

Por eso no creo que se Elija, y simplemente optamos, no somos dioses todavía, estamos atados a este plano. Si te despegas de tu materia hacia tu imaginación y haces un libro puede que los personajes de ese libro tengan libre voluntad absoluta, porque la imaginación si es infinita, pero será la vida de ese mundo, de ese libro, la que pueda volar, no vos. En el libro que estamos nosotros no podemos volar, y el hijo de puta que nos escribió, fue bien forrito y aclaró bien todos los términos de nuestras capacidades.

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