Golpeas la pared, buscando tu rostro en realidad.
Saltas hacia las redes, te olvidas, te matas lentamente.
Tu cuerpo tardará un rato más, pero tu mente se empieza a arrodillar,
le permitís que baje la cabeza a la voluntad.
¿Dónde está el guerrero? ¿Cuando tu luz empezó a ser absorbida de tal forma por tu oscuridad?
¿Dónde perdiste las canciones que hablaban de amor? Las cambiaste por las de drogas y el rencor.
Apostaste tu libertad a los vicios, que hospicio. Es propicio que te retires del sitio ya mismo.
Si la seguís dejando pasar, cuando te quieras rescatar vas a estar perdido, y no hay vuelta atrás,
es naufragar en el mar. Te vas a seguir mintiendo con eso de cambiar, y vas a repetir el ciclo, arrepentido, y sintiendo como te empezas a ahogar.
Hay que ponerle el pecho a la bala.
No pronuncies en vano tus palabras,
que se queman y se hacen brazas,
si tus actos son verdades disfrazadas.
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