jueves, 3 de enero de 2013

Rajá.

Golpeas la pared, buscando tu rostro en realidad.
Saltas hacia las redes, te olvidas, te matas lentamente.
Tu cuerpo tardará un rato más, pero tu mente se empieza a arrodillar,
le permitís que baje la cabeza a la voluntad.
¿Dónde está el guerrero? ¿Cuando tu luz empezó a ser absorbida de tal forma por tu oscuridad?
¿Dónde perdiste las canciones que hablaban de amor? Las cambiaste por las de drogas y el rencor.
Apostaste tu libertad a los vicios, que hospicio. Es propicio que te retires del sitio ya mismo.
Si la seguís dejando pasar, cuando te quieras rescatar vas a estar perdido, y no hay vuelta atrás,
es naufragar en el mar. Te vas a seguir mintiendo con eso de cambiar, y vas a repetir el ciclo, arrepentido, y sintiendo como te empezas a ahogar.

Hay que ponerle el pecho a la bala.
No pronuncies en vano tus palabras,
que se queman y se hacen brazas,
si tus actos son verdades disfrazadas.

Cuanta fricción.

Otro tiro en mi cabeza, otro aliento que envenena,
y sin embargo elijo yo.
Ya ni puedo dormir, es el eco de las balas
rebotando en mi craneo y no paran.
Mis palabras en falso
mis promesas en vano
mis errores fabricados
con mis propias manos
Me desvío hacia el vacío
para vaciarlo con un vicio.
Que cerrado se hace el círculo,
que vicioso es el abismo.
Codicioso es el anhelo.
¿Qué tan frío es el aliento?
El amargo en mi garganta.
Polvo de estrellas en cascada
En picada es la bajada
y precipito hacia la nada.
¿Qué estoy haciendo?
Me paro en el límite y juego
Camino cada paso hasta llegar al fondo,
y ahí la pala, para cavar más hondo.
Sintiendome perdido apunto a mi cabeza
Me tienta el vértigo al abismo,
me grita el gatillo.
Me acaricia en secreto la escopeta,
aprieto la quijada, se me funden las muelas.
Cuánta fricción.