El jazz y tu lengua, dibujando una melodía en mi boca,
que sabe a calor, calor musical, vibración en toda mi piel,
invade mi pecho, y tanta calidez me derrite el vientre,
se me ablandan los tobillos
los pies.
Y tras el volumen al mango:
Silencio.
Vacío.
El espacio que te pide creación.